lunes, 28 de marzo de 2011

Mis cadetes

El Teniente Marcos Antonio Fassio murió el 30 de abril de 1982, cerca de Caleta Olivia (Santa Cruz), cuando cayó al mar el helicóptero UH 1H EA 419 que tripulaba, en un vuelo de patrullaje de las costas marítimas.

El Teniente Juan Domingo Baldini murió el 11 de junio de 1982 en Monte Longdon cuando comandaba su fracción, la Primera Sección de la Compañía “B” del Regimiento de Infantería Mecanizado 7, en un contraataque nocturno. Recibió la condecoración post-mortem “La Nación Argentina al Valor en Combate”.

El Teniente Luis Carlos Martella murió el 12 de junio de 1982 en el monte Dos Hermanas, durante el repliegue del Regimiento 4 de Infantería, seis días antes del nacimiento de su segunda hija.

Hubo muchos otros muertos, oficiales, suboficiales y soldados. Pero a estos tres oficiales los conocía muy bien y les tenía particular cariño por haber sido su Oficial Instructor cuando eran cadetes en el Colegio Militar.

El caso del Teniente Martella era especial, por mi relación con su familia. Su padre, el General Luis Santiago Martella, había sido Director del Colegio Militar en 1980 y yo había sido su Ayudante. Por mi función, había tenido contacto frecuente con “Bicha”, su señora, y con sus otros hijos, Daniel y Silvia.

Estuve en el casamiento del Teniente Martella, que se casó en Córdoba con Marta Lucena, hija del General Lucena, que había sido también director del Colegio Militar en 1981, mientras yo todavía esta destinado en el Colegio. La fiesta fue en el casino de oficiales del Regimiento Aerotransportado 14, en el que paradójicamente hoy el Teniente Coronel Daniel Martella es Jefe de Regimiento.

Me contó Mónica que el 14 de junio de 1982, cuando terminaron las operaciones, Bicha Martella la llamó por teléfono para preguntarle que novedades tenía. Mónica le comentó que yo había hablado por radio para decirle que estaba bien y Bicha le preguntó si yo sabría algo del Teniente Martella.

“A mi hijo no lo encuentran”, le dijo.

A los cadetes del Colegio Militar uno les hablaba permanentemente del combate, de la guerra, del sacrificio, del coraje. Se trataba de infundir ideas y virtudes esenciales en los futuros oficiales que estaban destinados esencialmente al mando de tropas. Pero todo era muy ideal, muy “académico”, sin ninguna guerra a la vista y con una realización efectiva totalmente improbable.

Saber que algunos de esos cadetes han muerto siguiendo un ideal que uno contribyó a plasmarles (y que yo sobreviví a la guerra), me genera una especie de sentimiento de deuda, porque la relación oficial instructor – cadete crea un vínculo de paternidad profesional para toda la vida.  

Todos los días en Misa, desde hace 25 años, rezo por Fassio, Baldini y Martella.

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