lunes, 28 de marzo de 2011

El "Turco" Seineldín

El Teniente Coronel Mohamed Alí Seineldín era una leyenda viviente en el Ejército.

De excepcionales cualidades de mando, gozaba de una armonía perfecta entre la adhesión voluntaria de sus subordinados y la exigencia enérgica en las tareas del servicio, ganándose naturalmente el corazón de los hombres y llevándolos a entregarse con el máximo de su potencialidad. Enseñaba con autoridad y corregía sin blanduras.

En todo se prodigaba con el ejemplo personal, a veces más allá de lo prudente. Aunque era consciente de su ascendiente y prestigio, era un subordinado respetuoso y disciplinado; sus virtudes personales y condiciones  profesionales no lo hacían altivo ni presuntuoso. Sabía escuchar y no rehuía la confrontación de ideas, pero una vez que tomaba una decisión, perseguía sus objetivos con una tenacidad infatigable, emanando seguridad y auto-confianza.

Tenía una gran fortaleza física y una impresionante capacidad para soportar situaciones adversas o difíciles y carencias en la comida y el abrigo. Era un conductor militar extremadamente eficaz y experimentado, celoso de los detalles y con marcada aptitud para atender problemas simultáneos.

Valiente y corajudo, esperaba el enfrentamiento con los ingleses casi ansiosamente, sin temor y con un optimismo contagioso.  

De inclaudicable buen humor, reía y hacía reír, infundía ánimo a su alrededor, aliviaba temores y tensiones y acuñaba frases ocurrentes que pasaban de boca en boca entre sus subordinados. Era confiado por naturaleza,  y tenía un cierto grado de ingenuidad del que algunos inescrupulosos se aprovechaban.

Si tuviera que elegir el rasgo principal de su personalidad, diría que era un hombre enormemente carismático. He conocido a muchos oficiales que imitaban sus gestos y su forma de hablar y de saludar.  

Era un ferviente devoto de la Virgen María y le dio el nombre de “Operación Virgen del Rosario” a la operación del 2 de abril. Rezaba el Rosario todas las noches antes de irse a dormir, y el Chuño y yo lo acompañábamos.

Fue un jefe paradigmático en la guerra, y no fue obra del azar que el regimiento que comandaba fuera elegido para encabezar la recuperación de las islas.

Su regimiento no tuvo el protagonismo de otros y, después de Malvinas, muchas veces escuché comentar que el 25 de infantería podría haber sido el salvador de la derrota si se lo hubiera empleado de otra manera. No es así; el final irreversible estaba anunciado desde que los ingleses hicieron pie en Darwin. Pero es comprensible que a jefes como Seineldín se les atribuya la capacidad de soluciones milagrosas.

Estoy seguro de que Sineldín tenía la convicción de que en el sector del Regimiento 25 se libraría la “madre de todas las batallas” de Malvinas, y que estaba decidido a combatir hasta la muerte. Lo que me inquietaba bastante, porque el Chuño y yo, que éramos sus auxiliares más directos, estábamos atados a su destino. 

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