lunes, 28 de marzo de 2011

El primer día

En el sector militar del aeropuerto de Comodoro Rivadavia, tropas de diferentes unidades de la IXna Brigada de Infantería (la única brigada que al 11 de abril tiene efectivos en Malvinas) esperan su turno para embarcar. Nosotros hemos llegado temprano desde Colonia Sarmiento, con una compañía del Regimiento 25 de Infantería.

Los rostros reflejan ansiedad e incertidumbre, porque en la pista hay un solo avión, un  Fokker F28 de la Fuerza Aérea, y quienes conocen su capacidad saben que admite unas 60 plazas. Los que esperan son más de 300, y todos quieren subir. ¿A quién le tocará? No hay manifiesto de vuelo, pero un suboficial de Fuerza Aérea  empieza a llamar por fracciones. Algunos se sorprenden porque creen que el orden de llegada al aeropuerto les da prioridad de embarque; pero hay una lógica diferente, como al azar.

Primero embarcan fracciones del Comando de Brigada y después del Regimiento 25 de Infantería.

Los oficiales del Regimiento 25 subimos últimos la escalinata con el FAL en una mano  y el bolsón portaequipo en la otra. Nos tocan los asientos de adelante, y detrás nuestro  se cierra la puerta.

El Fokker despega y toma altura, sin saludos ni anuncios. No sabemos el tiempo de vuelo, pero es fácil de calcular. A la velocidad crucero del F 28 y una distancia que no debe superar los 1.500 Km, habrá unas dos horas de vuelo sobre el mar.

El tiempo es bueno y el vuelo tranquilo y miramos el mar por las ventanillas. Los suboficiales y los soldados viajan en silencio. No están seguros de lo que les espera en Malvinas, pero sienten que están por entrar en la historia. Debería de haber euforia, pero el sentimiento general es de emoción contenida. Los oficiales hablamos de algunas banalidades para matar el tiempo, pero lo que ocupa nuestra mente es que nos ha tocado la suerte de pisar suelo malvinense, que muchos van a envidiar.

Durante el vuelo se hace de noche, y en algún momento alguien de atrás dice que se ve tierra; nos asomamos a la inmensidad del mar, donde aparece una masa oscura con algunas luces: son las islas.

A medida que el avión pierde altura, se nos está por cumplir un sueño que nunca soñamos. Llevamos grabadas en la memoria próxima las masivas demostraciones de entusiasmo que despertó en los argentinos la recuperación de las islas, las imágenes de los ingleses que se rindieron, la operación militar casi perfecta, salvo por lo de Giachino que, de todos modos, engrandece la gesta.

Aterrizaje, carreteo y detención frente a las instalaciones del aeropuerto. No hay nadie esperando y nos quedamos un rato a la expectativa hasta que aparece un camión de Regimiento 25. Nos lleva hasta el Comando de Brigada, en Moody Brook, donde el Comandante de la Brigada, General Daher, en 30 segundos nos saluda y nos despide. Alegres y optimistas, nos vamos al Puesto Comando del Regimiento 25.

 No teníamos idea de lo que nos esperaba, ni de cómo finalmente se escribiría la historia.  

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