lunes, 28 de marzo de 2011

Las bombas

El primer ataque inglés a Malvinas fue a nuestra posición, el 1 de mayo a eso de las 3 o 4 de la mañana. Estábamos durmiendo y nos despertó el ruido del pasaje de un avión a baja altura, e inmediatamente después una fuerte explosión.

“Rompió la barrera del sonido” sentenció el Chuño, como si fuera un experto en aviónica. Cuando salimos del pozo, vimos una parte de las instalaciones del aeropuerto en llamas y se nos hizo evidente que había sido un bombardeo aéreo. Alertamos a todas las compañías para que se protegieran de otro eventual ataque y nos quedamos despiertos, como en vigilia. Al amanecer hubo un nuevo ataque y un combate aéreo entre aviones ingleses y argentinos.

En los días siguientes, los bombardeos aéreos se repitieron diariamente, tanto de día como de noche, además del fuego naval.

Era evidente que uno de los objetivos principales de los ingleses en esos días era destruir la pista de aterrizaje del aeropuerto de Puerto Argentino. Como el movimiento  por mar estaba bloqueado por los submarinos nucleares, que con el correr de los días fueron hundiendo todo buque argentino que entró en la llamada “zona de exclusión”, el único medio de abastecimiento y evacuación desde y hacia el continente era el medio aéreo. Destruida la pista, el aislamiento sería completo.  

Milagrosamente, la pista resistió, incluso habiendo recibido impactos directos de las bombas, y se mantuvo operable hasta el mismo 14 de junio. Pero los ataques eran persistentes y las bombas que por error de puntería no caían en la pista, impactaban en nuestra posición.

El Turco entonces, puso en funcionamiento un engaño que parecía propio de la primera guerra mundial. Después de los bombardeos, hacía simular con tierra cráteres en la pista que, captados por una fotografía aérea, hacían creer que la pista estaba perforada. Parecía inverosímil que los ingleses se lo creyeran, pero lo cierto es que los bombardeos se interrumpían por uno o dos días.

En la batalla mediática, los ingleses anunciaban que la pista estaba inoperable, y Argentina declaraba que estaba intacta. Y como los aviones argentinos seguían llegando, los ingleses volvían a bombardear. El Turco estaba furioso y le pidió varias veces al comando de la brigada que declarara que la pista estaba destruida.

Cuando terminó la guerra, el Turco marcó en un mapa de la Península Freycinet la ubicación de las bombas que había recibido la posición. Un color para las bombas de 1.000 libras, otro para las de 500 libras y otro para los impactos de cañoneo naval. Casi no quedaban 50 metros sin impactos. Además sacó la cuenta de los kilos de bombas que recibimos.      

En el bombardeo del 1 de mayo murió un soldado que había sido del Equipo de Combate Sevillano, de apellido García. El Turco había ordenado que fuera evacuado porque sufría de continuas crisis nerviosas y alteraba a todos los que tenía cerca.

Esa noche estaba en el aeropuerto esperando que el primer avión que saliera lo llevase de vuelta al continente.




No hay comentarios:

Publicar un comentario