lunes, 28 de marzo de 2011

El Teniente Dacharí

En el sector del Regimiento 25 se había instalado un radar antiaéreo de artillería. Es un radar que capta aeronaves y determina si son propias o enemigas. Establece las coordenadas de altura, distancia y velocidad y las pasa a los cañones antiaéreos, que de este modo tienen una información anticipada de varios minutos antes de que el avión entre a distancia de fuego.

Un día de fines de abril, más por curiosidad que por razones operacionales, fui a conocerlo.

El radar estaba adosado al techo de una cabina de unos 4m2. y tenía un generador exterior para alimentación eléctrica. El operador, Teniente de Artillería Dacharí, trabajaba desde adentro de la cabina. Tenía un panel de instrumentos, una mesada para escritorio y una cucheta para descansar.

El día estaba tranquilo y en abril todavía no había empezado la actividad aérea de los ingleses. De modo que bien abrigados (la cabina tenía calefacción) conversamos un rato y Dacharí me explicó las prestaciones básicas del radar y la forma de identificación de aviones en la pantalla.

Me despedí con la sensación de que la guerra era muy diferente para unos y otros. Mientras unos no tenían como defenderse del frío, la lluvia y el suelo mojado, otros gozaban de escritorio, cucheta y calefacción. Como para esa fecha todavía teníamos la convicción de que los ingleses no vendrían, que no habría guerra, y menos aún aviones enemigos a detectar, envidié la comodidad de Dacharí y lo bien que lo estaba pasando instalado en su pequeño refugio.

Pero cuando empezaron las operaciones se hizo evidente que el radar tiene una vulnerabilidad, y es que los aviones tienen dispositivos de detección que le informan al piloto cuando su aeronave está siendo iluminada por un radar de tierra. El piloto tiene entonces la opción de disparar un misil antirradar que se monta sobre la señal del radar y que ataca directamente a la fuente emisora (la cabina).

Esto fue lo que le ocurrió al radar del Teniente Dacharí en los primeros días de mayo.

Cuando me enteré de que había muerto, pensé lo injusta que había sido mi primera impresión. Sobre todo porque Dacharí, que ciertamente conocía el riesgo de su actividad, no me lo mencionó.

Por eso mi homenaje para este soldado es mucho más profundo.

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