lunes, 28 de marzo de 2011

Los buques ingleses

Desde el Puesto de Comando del regimiento teníamos amplia visibilidad sobre el mar, hacia el norte, el este y el sur. Hacia el oeste estaba Puerto Argentino.

La fracción en el límite este era el Equipo de Combate “Olmos”, prácticamente sobre el mar, defendiendo la posición de un eventual desembarco anfibio.

Una mañana de mayo, recibimos un parte telefónico de Olmos informando que se veían buques hacia el este. Con Seineldín y Pugliese subimos hasta el lugar más alto de nuestra posición y desde allí vimos tres buques de guerra ingleses navegando en dirección norte-sur, luego virando hacia el oeste, a la vista de toda la posición, con la tranquilidad de estar fuera del alcance de nuestras armas. Los tres buques en fila, uno detrás del otro, parecían estar en un desfile naval.

“Están haciendo un reconocimiento”, afirmó Seineldín, como si se hubiera pasado la vida en el mar.

Los buques se detuvieron al sur de la península Freycinet y así estuvieron un buen rato mientras nosotros observábamos con curiosidad.

Repentinamente escuchamos el sonido inconfundible del estampido de boca de un cañón y el silbido de un proyectil en el aire, que impactó a pocos metros de la pista de aterrizaje.

“Reconocimiento, un carajo”, dijo Seineldín y corrimos a la central telefónica para avisar a toda la posición que había fuego naval y que se pusieran a cubierto.

Luego de un par de minutos de silencio (estarían corrigiendo la puntería), empezaron las ráfagas. Los buques ingleses estaban equipados con tres cañones automáticos de 105mm., con una cadencia de tiro de más de 60 disparos por minuto cada uno. Contrariamente a los cañones de tierra, que tienen que hacer pausas de fuego para recargar las piezas, los cañones automáticos tienen capacidad de disparar ráfagas ininterrumpidas.

Aunque el fuego naval no hizo ningún daño en la pista de aterrizaje, nosotros nos quedamos con la sensación de que éramos como patitos indefensos en un stand de tiro. Como en el regimiento había cañones antitanques Czecalski de 105mm., Seineldín ordenó que se asignara un cañón a cada uno de los equipos de combate que estaban sobre el mar. Usar cañones antitanque para tirarle a buques en el mar parecía un chiste; pero el hecho es que al día siguiente los buques ingleses repitieron la maniobra, seguramente confiados en la impunidad con que habían operado el día anterior.

Cuando Olmos los tuvo a la vista, disparó su cañón. El proyectil no impactó en ningún lado y debe de haberse perdido en el mar asustando algunos peces. Pero algo debieron de haber visto los buques, porque detuvieron la marcha, viraron 180 grados y no volvieron nunca más.

Mejor dicho, volvieron el 13 de junio, en plena batalla por Puerto Argentino, pero ahí los esperábamos con los Exocet.

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